martes, 5 de agosto de 2014

PUES SÍ, ES UN GENOCIDIO



Múltiples y variados medios de comunicación pregonan en sus titulares que Javier Bardem y Penélope Cruz "se han retractado" de haber estampado (es un decir) su firma en un manifiesto en el que se expresa que lo que está haciendo el ejército de Israel en Gaza es un genocidio. Si no nos limitamos a los titulares y empezamos a leer la noticia -sí, ya sé que da pereza- vemos que en realidad lo que se afirma es que Bardem y Cruz dicen que ellos no son en absoluto antisemitas, que se les ha interpretado mal y que lo que quieren decir es que las guerras son muy feas; la señora Cruz añade además, al parecer, que ella "no es experta en estos temas".

A ver, centrémonos. Para empezar, estoy convencido (me puedo equivocar, claro) de que estos señores firmaron el susodicho manifiesto porque les dio la gana. También estoy más que convencido (y también me puedo equivocar, claro) de que estos señores no son precisamente analfabetos funcionales, de que tienen una cierta cultura y de que habían leído y entendido perfectamente lo que se exponía en el manifiesto. Probablemente, después de constatar la reacción destilada por una nutrida representación de descerebrados, en referencia a su acto de firmar, el señor Bardem y la señora Cruz se creyeron en la necesidad de, a su vez, responder a tal reacción.

Francamente, opino que no era necesario intentar aclarar con un inútil exceso de líneas que ellos 'no son antisemitas y que lo que querían decir es que esto de las guerras está mal'. Con decir "No somos antisemitas y si no quieres entender lo que estamos diciendo, vete al guano" ya es suficiente. Es más breve, más fácil de comprender para la mayoría de los mortales, y sigue siendo imposible de descifrar por parte de los descerebrados a quienes nos estamos refiriendo, precisamente a causa de su acusadísima y lamentable escasez de neuronas.

En cuanto a la señora Cruz, tampoco era necesario que explicara que "no es experta" en estos temas. Soltar una excusa así, ante quien sea, cuando se está asesinando indiscriminadamente (he perdido la cuenta de los niños muertos, por ejemplo) es sencillamente repugnante. Señora Cruz, permitame que desde este blog le diga lo siguiente: comprendo perfectamente que usted haga lo que crea que es más conveniente para salvaguardar sus intereses y su carrera, pero váyase mucho a la mierda.

Y ahora sigamos esforzándonos en centrarnos: Sí, lo que hace el ejército de Israel en la Franja de Gaza es un Genocidio. Y punto.

No estoy hablando de los israelíes, ni siquiera de los soldados; estoy hablando del gobierno de Israel; de los mandos militares; de los ultraortodoxos; de los funcionarios diplomáticos israelíes en cualquier parte del mundo, tan eficientes ellos a la hora de etiquetar de antisemita, con un entusiasmo más que llamativo, a todo aquel que no se trague sus mentiras y sus crímenes ...

Sí, es un Genocidio. Y punto. Y no me molestaré en perder el tiempo en procurar dejar claro "por sí acaso" que no soy antisemita. Piensen ustedes lo que quieran, me da igual. Los que no me dan igual son los niños y no tan niños que veo cada día en las noticias de los periódicos y la televisión; los vivos y los muertos.

Sí, es un Genocidio. Y punto. Y ni se me ocurrirá decir que "las guerras son muy feas y lo que hay que hacer es procurar que los responsables de ambos bandos se sienten a dialogar" como si se tratara de una situación equilibrada y "ambos bandos" (menuda mierda de expresión) fueran comparables. En el momento de escribir esta entrada el recuento va, más o menos, por unos setenta israelíes muertos y unos mil ochocientos palestinos muertos. No creo necesario referirme a las cifras de heridos y expulsados definitivos de sus casas. Por mi, y por lo que se refiere a este tema, quien tenga la ocurrencia de mencionar palabrejas tales como “equilibrio” o “equiparación” se puede ir mucho al infierno (si los admiten).

Ah, y no sé si lo he dicho antes, pero por si acaso lo digo ahora: Sí, es un Genocidio. Y punto.



 

miércoles, 2 de julio de 2014

ESCUCHANDO A JÚLIA: RÍOS DE ARCILLA

Dedicado a Malik, la joven himba del poblado de Kamanjab, Namibia.



Me veo a mí misma dentro del agua, curioso me mira mi reflejo. Mi madre dice que todo está hecho de nuestra alma, que las cosas están llenas de mi alma y mi alma llena de ellas. Yo soy viento, soy agua, soy tierra, soy hojas, soy todo y no soy nada. Por eso me veo dentro del agua, porque está llena de mi espíritu.

Camino hacia la aldea, hacia mi casa recubierta de tierra, al igual que mi piel y mi pelo. Todas las mañanas limpio mi cuerpo con una mezcla de manteca, tierra y flores. Tengo prohibido bañarme como hacía de niña con la poca lluvia que venía con el invierno; desde hace veintiséis lunas soy una mujer y el agua no puede tocar mi cuerpo. Pero aún no soy una mujer completa, no tengo hijos, por eso llevo un collar que me distingue y no puedo hablar con nadie más que mi familia.

El sol está en la cima del cielo, dentro de poco llegarán los blancos, llegan todos los días a la misma hora, compran objetos, curiosean, nos miran a través de cajas negras… Tienen la piel blanca, como desteñida, mi madre dice que la luna lloró sobre ellos por el odio que habita en el mundo y cuando las lágrimas de la luna llena y brillante se derramó en ellos, su piel se volvió blanca y desteñida, de su cuerpo huyó la música y el ritmo, las risas y las sonrisas. En ellos quedó la tristeza que dividió el mundo, lo fracturaron y le pusieron precio, destruyeron la naturaleza porque no la entendían.

Ellos siempre vienen y siempre se van, van y vienen, desaparecen detrás de las montañas altas, por las mismas que el sol se esconde todas las noches.

Puede que ellos viajen con el sol, den vueltas y vueltas, para vernos todos los días, para decirnos hola y adiós, porque todo hola termina siempre en un adiós.

A veces, por la noche, cuando el sol cae detrás de las montañas, tengo ganas de seguirlos, de viajar con ellos, de conocer eso que les aguarda fuera, de tener una de esas cajas redondas y negras que capturan tu alma en ellas, de tener la piel blanca como la luna y los labios rojos como mi tierra, de poder tener hijos cuando quiera y con quien quiera… Tengo ganas de descubrir lo desconocido, pero al mismo tiempo tengo tanto miedo que ni siquiera puedo bailarlo, ni sacarlo fuera: simplemente me paraliza.

Hoy me tumbo de espaldas al suelo para poder admirar la inmensa noche y sus infinitas luces y sombras, mientas el sol se viste de rojo y suavemente desciende hasta las montañas, busco en las estrellas la respuesta que no puedo hallar aquí, en la tierra.

A veces la duda te consume, te abruma, no te deja pensar claramente, la duda hace que dudes de ti y de tus ideas. Los pensamientos no tienen orden, intentas escuchar el corazón. Pero mi corazón solo tiembla.

¿Cómo huir de mí para encontrarme a mí misma?

Lentamente mis pies me dirigen al pozo, lleno un cubo de agua turbia, miro en su interior y le pregunto a mi alma hecha de agua qué debo hacer, pero ella solo me mira con ojos honestos. Agarro el cubo y lo desparramo encima de mi cabeza, liberando así mi alma hecha de agua y al mismo tiempo juntándome con ella. El agua libera mi cuerpo de tierra y de ungüentos. Me desnudo ante la luna, mi cuerpo, negro por primera vez en mucho tiempo se funde en la oscuridad de la noche.

Arrepentida, me enorgullezco de mi gesto, me siento brava. La libertad se apodera de mí, lloro, río, sumergida estoy en el río de mis emociones, mi alma vuela libre, mi boca la libera, creo que la luna sonríe al oír mis gritos. Bailo al bombeante ritmo de la tierra, mis pies descalzos repiquetean contra esa tierra roja que antes me envolvía y ahora solo es el suelo contra el que chocar antes de saltar más alto.

Cruda, honesta, brutal, árida, sofocante, abrumadora, hermosa África, con ella contemplándome le bailo a la luna, al agua, al viento, le bailo a la vida. Bailo y bailo sin que el miedo me paralice ni que la vergüenza me pueda, le bailo sin que el cansancio me atrape, sin pretensiones, sin intenciones. Esta noche dejo que todas las cosas llenen mi alma, dejo de ser yo, lo soy todo, soy árbol, soy viento, soy gacela, soy tierra.

Y cuando lo he bailado todo, mi cuerpo vuelve a estar cubierto de sudor y polvo pero estos no me retienen.

Me tumbo en la tierra temiendo a la mañana que se acerca, mañana dejará de ser hoy, mañana las cosas cambiarán, tomaré decisiones, romperé lazos y ataré otros, lloraré y otras lágrimas hablarán de mí también, puede que me vaya con los blancos a conocer y recorrer mundo, puede que cruce las montañas, puede que persiga el sol hasta su nacimiento o puede que me quede para verlo pasar y decirle hola y adiós, para cubrirme de tierra, para escuchar a mi madre, para amar esta tierra o puede que el sol me lleve con él, que me abrace con su calor y me diga que soy digna de acompañarlo, puede que no lo salude ni lo persiga, puede que me vaya con él, pero mañana.

Hoy la luna me sonríe desde el cielo, me acurruca con el manto de la noche y me vigila el sueño. Y mientras este último se apodera de mí y mis párpados cubren mis ojos, silenciosamente le juro que nunca dejaré de ser yo; aunque mi piel no sea roja y sea negra, mi sangre siempre será roja; aunque no pueda bailar en este lugar, nunca dejaré de bailar; aunque no duerma en el mismo pueblo siempre la encontraré a ella en el cielo; aunque no vea las mismas montañas, siempre miraré el horizonte.

Júlia Pérez Gonell
2014

ESCUCHANDO A JÚLIA: REFLEJOS EN EL POZO



REFLEJOS EN EL POZO

LÁGRIMAS DE SUEÑO

SUEÑOS TRUNCADOS

Como el mar lamedor de tierra
la verdad nos acecha
día tras día, ola tras ola,
nos abruma y nos llena.
Y nosotros. Meros granos de arena
anhelamos su abrazo y su huida.

Como ropa tendida al sol,
la mentira aguarda para cubrirnos
y refugiarnos de la fría verdad
que mi boca niega y mi corazón afirma.
Y mis ojos cerrados están, expectantes
de un suspiro que diluya la mentira.

Como en un pozo,
en la duda nos hundimos,
prisioneros de las lágrimas no caídas,
aguardamos la sumisión de nuestra mente.
Y yo dudosa, dudo de las verdades y las mentiras,
Pero ¿Y si la duda fuese la única verdad?

Júlia Pérz Gonell
2014

martes, 1 de julio de 2014

ESCUCHANDO A JÚLIA: INSTANTES


En ese instante al borde del abismo,
en ese trance entre el si o el no,
me convenzo a mí misma de hacerlo
y salto, no puedo volver.
Por un instante vuelo,
mi cuerpo levita
y soy completamente libre.
No soy nada,
solo soy un cuerpo
acariciado por gigantes.
Alargo mis brazos,
intentando alcanzar el cielo,
cierro los ojos,
intentando cegarme a la vida.
El mar me acoge
me salpica, resbalo hacia el fondo,
abro los ojos y la luz del sol
ilumina mi cuerpo,
sombreado por las olas.
Oigo a los peces gritar contra su silencio.
Oigo a las caracolas quedarse con el murmullo del mar.
Me impulso hacia la luz,
mi cabeza impacta contra el aire:
dos estados,
muero deliberadamente encima de las olas,
y me pierdo en la infinidad del océano.

Júlia Pérez Gonell
2014

sábado, 28 de junio de 2014

ESCUCHANDO A JÚLIA: LUNA DE SANGRE



Y los árboles han derramado
sus hojas que han caído
tan rápido como las bombas,
bombas de fuego sobre la ciudad insomne.

Y siento la belleza cruda
de una mañana desnuda,
de un mundo parado,
de una lágrima en vano.

Y noto el aire surcado
por últimos suspiros.
Y la muerte besa, sellando así
labios temblorosos, temerosos de la verdad.

Y oigo el silencio
que arrulla los cuerpos
con su manto de polvo y ceniza.
Oigo la muerte susurrante.

Y veo la sangre manchando las sombras
y las sombras manchando la luz,
el sol escabulléndose
bajo el manto de la noche.

Y siento dolor y sufrimiento
y sonrío.
Sonrío a la luna bella y serena.
Sonrío a mi horizonte, a mi utopía.

Júlia Pérez Gonell
2013

jueves, 26 de junio de 2014

ESCUCHANDO A JÚLIA: MONOTONÍA


Todos los días me despierto,
sabiendo qué voy a hacer,
dónde voy a estar,
quién voy a ser.

Estoy cansada de dar vueltas en círculos,
perdida en mí misma,
siempre los mismos sitios,
siempre la misma gente.

Me aburro, me canso,
quiero algo distinto,
algo mío
o simplemente elegido por mí.

Quiero conocerme,
quiero ser yo misma
y no quien quieren que sea
o que debo ser.

Estamos atrapados en una cúpula de cristal,
donde nos encerramos nosotros mismos
por miedo a lo que nos aguarda,
por miedo a no ser aceptados.

Intentamos imitarnos,
ser todos iguales, como clones,
estamos todos en el mismo sitio,
rodeados de gente sin encontrar a nadie.

Quiero dejar de bailar al son de la música,
quiero romper la cúpula de cristal,
quiero saber quien soy,
para poder ser yo.

Júlia Pérez Gonell
2012